“Y llega el momento en que uno debe tomar una posición que ni es cuidadosa, ni política, ni aceptable, pero que debe tomarla porque su conciencia le dice que es lo correcto"

Martin Luther King

domingo, octubre 26

La Selva cerquita de la ciudad de México

No hay que viajar al sureste para adentrarse en la selva. Muy cerca del D.F., en el estado de Morelos, sobrevive una región de selva baja caducifólea (de esa que pierde todas sus hojas una vez al año).
Se trata de la Sierra de Huautla, Reserva de la Biósfera con 59 mil hectáreas verdes, vivas.

La he visitado un par de veces. La primera fue para hacer bird watching y de regalo me topé con algunos mamíferos.


La segunda fue para liberar a una familia de zarihueyas que rescatamos en GEPDA.

El lugar es espectacular... selva por todos lados. Árboles repletos de plantas colgantes, enredaderas, cactáceas, lagos.
Con suerte puedes toparte con pumas o venados. Y a plena luz de día te encuentras cientos de especies de mariposas, iguanas y otros reptiles, aves de muchísimas especies, halcones y otras rapaces.
En serio es un paraíso al que puedes escaparte cualquier fin de semana.

Para ir hay que tomar la carretera que va de Cuernavaca por la autopista –o la carretera libre- a Acapulco. En la caseta de Alpuyeca hay un desvío hasta Jojutla, y luego de atravesar esta población se encuentra el camino hacia Tepalcingo. Se pasa por Chinameca, tras cruzar Los Sauces y Huichila.

Existe una estación de Biología y al parecer tienen turismo ecológico. Aunque no es una forma cómoda de viajar, el turismo ecológico permite a las comunidades locales elevar sus ingresos sin necesidad de arrasar con el entorno; por donde se vea, vale la pena aventurarse aunque sea de vez en cuando a este tipo de lugares.

lunes, octubre 20

Ladran, gruñen y saben vivir juntos

¿Cómo es que ellos aprenden a respetar sus diferencias, a quererse a pesar de ello? Si pudiéramos ser un poquito como otros animales, no tendríamos que soplarnos las noticias que escuchamos cada noche en la tele.

Hoy me llegó esta foto de Gala, la tomaron en el Santuario hace un rato. La escena es la síntesis de la paz, la aceptación, la confianza y el amor. Cosas que nos hacen mucha falta en estos días.

Por eso trabajo con animales...

lunes, octubre 13

De leones y rescates

Pasaron dos meses para que Elsa, Yuma y Gala viajaran al Wild Animal Sanctuary. Para lograrlo cumplimos con el protocolo médico y realizamos muchos estudios, sobre todo con Gala que tenía problemas en la piel a causa de la anemia. Vivir e un circo debe ser algo terrible. Luego de tramitar los permisos de exportación y los permisos sanitarios, por fin estuvimos listos para emprender el viaje hacia la frontera con Estados Unidos.

La jornada fue larga y muy cansada para todos.
Elsa y Yuma, todavía en su miserable jaula de circo, viajaron en un camión que rentamos especialmente para el viaje. Con ellos iba el médico veterinario que fue responsable de su salud mientras los tuvimos en custodia. Atrás siguiendo al camión íbamos 3 voluntarios de GEPDA con Gala bajo nuestro cuidado.

Estábamos equipados con biberones, juguetes y comida para la cachorra, alimento y agua para los adultos, medicamentos en caso de emergencia, permisos y todo lo necesario para garantizar su seguridad en el camino.








Manejamos 20 horas con una lluvia que por momentos nos impedía ver. Por fortuna para Elsa y Yuma, el clima era agradable dentro del compartimento del camión y viajaron muy tranquilos. Gala estaba fascinada con las luces de los autos y entretenida jugando.

Finalmente llegamos a la frontera. Era importante conseguir un espacio adecuado para hacer el cambio de jaulas... por fin Elsa y Yuma saldrían de su espantosa prisión.

Teníamos el tiempo en contra; la lluvia impedía la entrada de las personas del santuario a México y nosotros estábamos atascados del otro lado de la frontera esperándolos; los inspectores mexicanos nos apuraban para hacer el movimiento y amenazaban con irse y detener a los animales todo el fin de semana si se seguía haciendo tarde.

Un contingente salió a interceptar al equipo del Wild Animal Sanctuary mientras llevábamos a Elsa y Yuma a una instalación aduanal para descargar la jaula del camión e iniciar las inspecciones sanitarias. Gala iba en otro transporte para ser presentada con el inspector de la PROFEPA.


Por fin coincidimos todos, Santuario, leones y voluntarios de GEPDA en la bodega. Nunca olvidaré la imagen que vi al entrar: Elsa y Yuma 'volaban' dentro de su jaula sostenidos de una grúa.








Después todo ocurrió muy rápido: corríamos empapados para mostrar los documentos, por otro lado los inspectores se aseguraban de que Gala estuviera en buen estado; Elsa y Yuma bajaron al piso, les acercaron nuevas jaulas, abrieron su vieja prisión... Elsa decidida salió por fin de su cárcel para posarse en la que sería la última jaula que tocaría en su vida. Yuma estaba aterrado, no se atrevía a seguir a su compañera (¡y nosotros con el tiempo encima! Todos pensábamos "Por favor, por favor Yuma, salta pronto que tenemos que llevarte a casa!"). Intentamos convencerlo con agua, con comida y nuestro querido Yuma apenas daba un pasito, acercaba una patita, se regresaba. Al final lo logró y pudimos meter las jaulas a toda velocidad dentro del remolque.








Cuando me di cuenta, Pat (fundador del Wild Animal Sanctuary) ya traía en sus brazos a Gala y la metía en los asientos traseros de la camioneta. No pude decirle adiós, ni verla a los ojos por última vez. De todas formas me sentía la persona más feliz del mundo; Gala no tiene de qué preocuparse. Nunca más.

Los escoltamos por la ciudad inundada hasta que por fin llegamos a la frontera.
Una última mirada a nuestros queridos leones, un abrazo a nuestros amigos y eso fue todo.
El remolque se alejó llevándose tres vidas que por fin conocerán la libertad.










viernes, octubre 10

Palabras ligeras

Me sorprende la facilidad con que algunos construyen verdades inexistentes, y se las creen y las viven y las sufren y las luchan (uf!).

Me muevo en un medio donde hay mucha gente que, incapaz de relacionarse con los de su especie, ha elegido volcarse en los animales y yo siempre pienso: pobres animales.

Ellos, enemigos automáticos de otras personas, tienden a instalarse en un papel casi compulsivo de inquisidor permanente de casi todo y todos. Cualquier acierto ajeno resulta altamente sospechoso, un error es, ¡bueno!, la prueba faltante de que en efecto eres sí, el enemigo público número uno... de ellos.

Me ha tocado vivirlo varias veces y a golpe de chingadazos aprendí a estarme en paz, a no pelarlos... Esos que a las dos semanas de figurar en no se dónde se sienten precursores de Dian Fossey, verán algún día, ya sin ojos ingénuos y primerizos lo que realmente significa dedicarse al activismo llevado de forma seria y estructurada. Lo difícil que es y lo fácil que es juzgarlo desde fuera.

Todo esto salió porque hace poquito le pasó a una voluntaria; una niña chiquita, medio voluntariosa y malhumorada a la que le tocó la de malas que alguien la pusiera bajo la lupa distorcionada de sus emociones. Al final el hecho no tiene relevancia pues tampoco era algo grave pero me sorprende ver como ella, que es de las que nada les parece, y critica y se muestra inconforme cada que tiene oportunidad, se siente ofendida en lo más profundo de su ser.

En fin, un golpecito de realidad no le viene mal a nadie; le hacía falta su novatada.